Lloras a mi lado. No entiendo qué te pasa… Yo sigo comiendo mi vainilla untada en mate cocido. Seguís llorando. ¿Qué sentirá alguien que lo sumerjan en algo hirviendo? La vainilla no siente nada, igual que yo. Si me sumergieran en algo hirviendo me comportaría tal cual ella, no me resistiría. Solo me hundiría y dejaría que el líquido entrara por cada uno de mis poros quemando cada centímetro de mi piel.
¿Dónde quedaron mis escondites? ¡Ya no tengo! Y ellos eran muy útiles en estos momentos, por más que no me hiciera bien. Saber que tenía allí mi mangar de sumisión ante la vida me mantenía tranquila… Ya no tengo posibilidad de crearlos nuevamente. Me aleje de todo eso, tire todo a la basura. ¡Cuánto me arrepiento!
Pero sé que no es lo mejor. Me hacía muy mal. Días de agonía proseguían después de ello. ¿Volvía a ser feliz? No, pero pasaban días de completo vacio ante mis ojos. ¿Días? No… ¡Semanas y hasta meses! ¿Servía de algo? No. Todo volvía a ser igual de monocromático para mí. Pero extraño esos momentos de total inconsciencia. Me desligaban de mis palabras y todo lo que dijera allí no sería tomado en cuenta. Podía decir “te amo”, “perdón” y todas esas cosas que odio decir. Era genial, porque repito, nadie tenía en cuenta esas palabras, pensaban que estaba en otro mundo. ¿Saben qué? No estaba en otro mundo. Seguía aquí, con ustedes porque nunca me dejaron ir, cuando quise irme me agarraron de los talones y no me dejaron desplegar mis alas y volar. Hicieron oídos sordos a esas palabras, a esas suplicas.
¿Ayuda? No. Nunca pediría. Mis escapes estaban ahí. Detrás del tele, bajo mi almohada, dentro de un peluche o de un hermoso alhajero. Otras veces simplemente en una bolsita.
Y ahora que esos lugares están vacios mi escape está en mi mente. Eso sí, usar eso como método de escape es muy cruel. Es como rastrillar mi cerebro con un tenedor. No logro la inconsciencia, pero al cerrar los ojos durante la noche y fingir un profundo sueño nadie se me acerca. Ya no me controlan, ya no abren mi puerta a la noche. Podrían utilizar otros métodos ahora, ese ya no serviría, y creo que lo saben, porque no lo hacen más.
No llores más, que hay cosas más crueles. Ahora te voy a poner tu balanceado. Perdón por haberme olvidado esta semana. No te vayas nunca de mi lado por favor.
Me callo porque es más cómodo engañarse. Me callo porque ha ganado la razón al corazón. Pero pase lo que pase, y aunque otro me acompañe, en silencio te querré, en silencio te amaré, en silencio pensaré tan solo en ti…


