miércoles, 11 de mayo de 2011

El tiempo llevo al olvido recuerdos inolvidables.

Encontré una caja llena de cartas, envoltorios, papelitos, cartelitos y demás. Una caja de recuerdos olvidados, pero a la vez intactos.

Logré agarrar cada envoltorio y recordar el momento en que lo tuve por primera vez en mis manos. Leí las cartas y recordé lo mucho que había disfrutado de ellas en su momento. Vi las fotos y me di cuenta que no todo fue malo, que en cierta manera y a mi modo fui feliz.

También había una agenda, y me permití a mi misma hacer una llamada. Del otro lado escuche la voz de alguien y recordé la forma en que movía sus labios para hablar, los gestos ante cada palabra y la mirada que acompañaba a ellos. Me identifiqué y unos segundos de silencio prosiguieron al saludo… La timidez inundó la línea telefónica y empezamos de hablar de una manera rara. Ante el primer chiste creo que todo cambió. Recordamos cosas de muchos años atrás, cosas lindas, cosas feas. A los minutos de haber empezado hablar pudimos reconocer lo feliz que nos hacía saber que la otra persona estaba bien. ¡Realmente nos hacía muy feliz!

Pero ante el cambio de tono de voz indicando que la llamada estaba por concluir quisimos dejar algo en claro. No hay forma de volver el tiempo atrás, y al pasado pisado. Y luego de un “Chau” cortante sin tener en cuenta las risas de apenas unos minutos atrás cada uno deposito su teléfono en su lugar para luego proseguir con su rutina diaria.
  

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